Actualmente vivimos acosados a diario por la publicidad, en cualquier dispositivo o medio de comunicación la publicidad que llegamos a percibir es altísima, incluso en un breve y placentero paseo por nuestro propio barrio puede ser que nos sintamos abrumados: marquesinas, vallas, autobuses, cartelería varia… parece ser que para el vendedor siempre es un buen momento para gritarte ¡CÓMPRAME!

Parece que cada vez importa menos la calidad de la información que nos dan los anunciantes, argumentos vacíos sin un público definido, la búsqueda incesante por unos clicks fáciles nos están dejando frases tan insidiosas como: “ no te puedes perder la número 5” o “no creerás lo que pasa a continuación”. Detrás de todos estos artículos lo que sí te puedes creer es que te vas a encontrar varios anunciantes hambrientos por un click fácil.

En muchas ocasiones el anunciante, ya sea por desidia o por ignorancia, aplica la ley del mínimo esfuerzo y encontramos que su mensaje es el mismo para nosotros que para nuestra propia abuela. Evidentemente se debe trabajar mejor ese aspecto y definir el público objetivo de manera adecuada. Abuela no te ofendas, pero no tenemos los mismo gustos.

Sabemos que la publicidad es necesaria pero siempre debe estar bien dirigida, no vale publicidad a discreción. Según la Asociación para la investigación de medios de Comunicación, el 58,6 % de los usuarios de Internet creen que hay demasiada publicidad y no se sienten identificados con el mensaje.

¿Qué se puede hacer al respecto?

El cliente necesita que los anunciantes den un paso más, que le considere importante, no basta con un grito de “cómprame”, como consumidores necesitamos un valor extra, en muchas ocasiones una información relevante, veraz y adecuada puede ser la diferencia entre amar a la marca* o acabar tan cansado de sus anuncios que acabemos por aborrecerla.

En esta era de la información en la que el consumidor final está hiperconectado y sobreinformado hay muchos anunciantes y marcas que aún no han sabido digerir que su propio cliente puede tener más conocimientos de sus productos que el vendedor. Necesitamos por lo tanto un cambio sustancial, un cambio de rumbo o mejor dicho, encontrar el rumbo adecuado, saber ofrecerle al consumidor un valor diferencial que sea relevante para él. @davidgomez tiene una frase muy acertada para esta problemática: “ No es pedir la mano en la primera cita, debe de haber un cortejo previo”

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